EL EXCESO Y EL CABALLO CANSADO

Después de haber ganado una Eurocopa, un Mundial y otra Eurocopa de manera consecutiva deberíamos exhibir la tolerancia a la frustración conseguida a base de derrotas y fracasos en casi todas las competiciones disputadas desde que la mayoría de los españoles tenemos uso de razón.  Lo ocurrido en el pasado Mundial de Brasil no es una exclusiva de España. La sensación de “caballo cansado” la han tenido otros equipos cuyas generaciones han enlazado años de éxitos por supuesto muy alejados de la triple corona española en seis años. El sexenio triunfal va ligado a la explosión y cumbre de un grupo de futbolistas reunidos alrededor del mejor centrocampista de la historia del fútbol español . Un perfil atípico en un deporte en el que el músculo supera con frecuencia a otro tipo de condimentos. Los éxitos de España tienen en Xavi Hernández el eje y la esencia. Y sin él todo cambia.  Xavi no fue todo pero si mucho. Por eso sin Marcos Senna en 2008 y sin Alonso en las otras dos campeonatos la figura del pequeño talento catalán no hubiera sobresalido tanto como sin ellos. El fútbol es un juego de equipo en el que el individuo influye mucho más que en otros deportes. Lo que viene ocurriendo desde el Mundial de Brasil no es más que un proceso natural que nos devuelve a la realidad del resto de equipos de todos el mundo donde el músculo pesa mucho para compensar las carencias de la técnica. Nos han acortado las distancias porque el éxito tiene fecha de caducidad aunque los españoles no lo entendamos y pensemos que es para siempre como el fracaso. La tragedia organizada desde diversos sectores del periodismo, todo un exceso, nos pone otro ejemplo de la España más epidérmica incapaz de admitir que importan más los principios que los resultados. La Francia de Zidane tuvo su esplendor  para después caer con el mayor de los estrépitos. No está ocurriendo nada más  que la creación de un nuevo equipo que se ve de trimestre en trimestre y que tiene muy difícil la comparación con el pasado reciente. Es imposible obtener todos los triunfos porque los demás aprenden y juegan con las armas a su disposición. El ejemplo es Eslovaquia donde un campo pequeño y un grupo de pierna dura metido atrás puede acabar con la paciencia de cualquiera. España mereció ganar y por mucho.  No se debería echar la culpa a nadie y menos hacer algo tan español que hacer leña del árbol caído en el caso de Casillas o un ejercicio de ignorancia suprema en el caso de Diego Costa.  Nadie mejor que Casillas y Del Bosque saben que el tiempo pasa.  Ambos son conscientes de la necesidad de hacer una transición ordenada hacia nuevos talentos.  Respecto a Costa no tiene buen cartel en España porque ha conseguido ser uno de los grandes en un club que no lo es por facturación y ahora triunfa en el equipo del entrenador con peor prensa de España. Escribo estas líneas antes del partido contra Luxemburgo. El problema de España no es Casillas, ni Del Bosque ni Diego Costa sino la ansiedad nacional y la falta de memoria. Hay que acordarse del penalti de Eloy en Méjico, del tabique roto de Luis Enrique en Boston o del otro penalti de Nadal en Londres.  Hay que saber de donde se viene para apreciar lo que se tiene. A millones de españoles no se nos va a olvidar el éxito consecutivo en tres campeonatos hicieron felices en mitad de una crisis para olvidar.

 

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