Juan Pablo Colmenarejo

IMG_0427Soy periodista. Me dedico a lo importante según los expertos. Por eso pretendo escribir de lo interesante. Más que nada para no perder ni una pizca de lo más importante de vez en cuando.  Suele ocurrir cuando gana el Aleti. No hace falta ni es necesario ser el primero. Para eso están los del lado fácil de la vida.  Se trata de ser feliz y escribir sin que se escapen las lágrimas por lo bueno, ya que por lo malo están agotadas las existencias..

@jpcolmenarejo

Una respuesta a Juan Pablo Colmenarejo

  1. Javier Sánchez Babe dijo:

    Un oyente tuyo, rojiblanco también que se encuentra este blog buceando por la red. Lo celebro dejándote este artículo que escribí sobre Luis:
    EN LA MUERTE DE ARAGONÉS:

    Esta vez la noticia no es que alguien se nos va para siempre, sino lo que alguien nos deja para siempre.

    Luis se va con su vida y, curiosamente, nos deja llenos de vida.

    No fue el sabio un santurrón, ni vivió la vida virtuosa de un meapilas cualquiera. Luis nos dejó el testimonio de que siempre es posible caer a los infiernos, incluso cuándo se vuela alto. El mismo cayó en los infiernos del juego, del alcohol y de la propia destrucción, después de haber sido uno de los mejores jugadores del Atlético… Vivió en la amargura del que teniendo mucho, lo ha perdido todo en las tinieblas del alcohol, el tragaluz de los casinos, y la oscuridad de las crisis nerviosas. No le gustaba nada hablar de esto al sabio, pero en plena caída supo mantenerse agarrado a su familia, su único amor por encima del fútbol y su único asidero en sus peores días, a pesar del sufrimiento que les infligió. Hasta aquí, su vida sería una historia más de los muchos que han caído. Pero su fuerza, era incluso más grande que la derrota. Me refiero a su fuerza mental, que poco a poco fue granando su sabiduría.

    Luis tuvo la fuerza para derrotarse a si mismo y la inteligencia para salir sabio del combate. Pero no sólo una vez, sino muchas. Porque después de un gol a favor, en la vida, puede venir un gol en contra. Y Luis, poco a poco, a base de golpes, goles, disgustos, tímidas victorias y sonoras derrotas, fue haciendo un manual de si mismo que le permitió enfrentarse a la vida y remontar un partido perdido para ganar por goleada. Eliminó a sus vicios y encontró un método para vivir en paz consigo mismo. Cuándo, por fín, encontró ese método se le notaba un hombre feliz y seguro de si mismo, enfundado permanentemente en su chándal. Sin embargo, tuvo que volver a bajar a los infiernos. Esta vez no bajó a por si mismo pues ya no caería más, sino que bajó a por su Atleti y años más tarde a por la selección. A ambos los llevó al cielo. Entretanto su experiencia le sirvió para enseñar a muchos de sus jugadores a no cometer los mismos errores que el cometió, no sólo en el manejo del balón, sino también en el manejo de la mente…que todo es fútbol. Transmitía a sus jugadores (y así lo han declarado) sabiduría, convencimiento y sobretodo el cariño desinteresado que sólo un anciano experimentado puede dar. Para muchos ha sido un padre cascarrabias.

    Luis nos deja valores muy poco frecuentes en el mundo de hoy. Por encima de todo, era un hombre sincero. Siempre con la verdad por delante. La verdad, como la pelota en el fútbol, era lo primero para Luis, independientemente de la banda por la que ataque la vida. Para disfrutar la vida, sólo hay un camino: la verdad. Incluso aunque la vida sea amarga, la verdad es siempre la mejor medicina. Garantiza una conciencia tranquila y a Luis se le notaba, sobretodo en sus últimos tiempos. A veces ocurre que la verdad es hostil porque habita en el país de la mentira. A Luis le sucedió muchas veces, especialmente con ciertos estamentos, pero su testimonio nos enseña que, en las finales determinantes de la vida, la verdad siempre vence, simplemente, porque es mejor que la mentira. Por eso conmueve, cuándo vimos al viejo Luis decir a sus muchachos que tienen que ganar la final contra Alemania, simplemente por que son mejores. Luis siempre decía la verdad.

    En definitiva, Luis nos deja mucho más que unos vídeos de fútbol, unas declaraciones en la prensa y unas fotos en chándal. Nos deja una sabiduría que se resume en tres pilares:
    1.- Fuerza para enfrentar las adversidades de la vida.
    2.- Valores para disfrutar de la vida.
    3.- Verdad para vivir la vida.

    Descanse en paz no es buen epitafio para Luis porque seguro que en el cielo tampoco va a descansar de balón.
    Muy pronto el tópico de “juegan como los ángeles”, pasará de tópico a realidad: desde hoy a los ángeles los entrena Luis Aragonés.

    JAVIER SANCHEZ BABÉ. 11-08-1979. Madrid

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